Leyendo a Adler... (I)
(…) Basta un conocimiento superficial de las neurosis para descubrir que encierran particulares rasgos de carácter. (…) Hipersensibilidad, irritabilidad, excitabilidad, sugestionabilidad, egoísmo, propensión a lo fantástico, distanciamiento de la realidad. En la mayoría de las historias clínicas también figuran rasgos más especiales, como el afán de dominio, malignidad, abnegación, coquetería, cobardía, timidez, distracción… Este hecho ha podido comprobarlo, en efecto, toda una pléyade de concienzudos estudiosos. Entre ellos he de hacer una mención destacada de Janet, continuador de la célebre escuela francesa tradicional y autor de análisis tan sagaces como valiosos, y referirme, en especial, a su insistente apelación al concepto del “sentiment d´incomplétude” del neurótico.
(…) José Breuer, profundo conocedor de la filosofía alemana, “encontró la piedra centelleante tirada en medio del camino”. Condujo la atención sobre el significado del síntoma, y trató de averiguar su origen y finalidad, interrogando para ello a la única persona en condiciones de responder: al propio paciente.
(…) No por afán de crítica ni de contradicción, sino llevado por el propósito de aclarar y destacar mejor mi propio punto de vista, sólo me permitiré separar de las valiosas y fecundas aportaciones de Freud, tres de sus concepciones fundamentales, a las que considero erróneas y susceptibles de bloquear el camino hacia una progresiva comprensión de la neurosis.
(…) la neurosis nos muestra, en efecto, con una claridad enormemente mayor que el psiquismo normal, la existencia de una finalidad neurótica que dirige y orienta el sentimiento de placer, tu tonalidad y su fuerza; nos revela que el neurótico sólo persigue la búsqueda de placer con la parte sana de su aparato psíquico, en tanto la parte enferma persigue fines “superiores”. (…) Hemos hallado que el objetivo final de toda neurosis consiste en la exaltación del sentimiento de personalidad, cuya fórmula más simple se manifiesta como una exagerada afirmación de la virilidad (“protesta viril”). El imperativo “quiero ser todo un hombre”, constituye la ficción directriz –lo que Avenarius llamaba la “apercepción fundamental”- de toda neurosis, para la cual esa ficción reviste un valor real en una medida harto mayor que para la psique normal. La libido, la pulsión sexual y sus tendencias perversas, sea cual fuere su origen, están subordinadas a la misma idea directriz. La “voluntad de poder” y el “afán de parecer” de Nietzsche dicen en el fondo lo mismo que nuestra concepción, la cual, por otra parte, se aproxima en muchos puntos a Féré y a otros autores más antiguos, según los cuales el sentimiento de placer sería la expresión de un sentimiento de potencia, en tanto que el de displacer sería expresión de un sentimiento de impotencia.
(…) …en el sobreabundante uso de construcciones auxiliares aseguradoras (la ficción neurótica), en la fuerte tendencia a la abstracción y a la simbolización, creemos ver simples medios por los cuales el neurótico busca seguridad, fortalecer su sentimiento de personalidad, afirmar su virilidad. La neurosis es la ejecución de proyectos erróneos. Pero dada la posibilidad de remontar hacia atrás todo pensamiento y toda acción hasta dar con las experiencias infantiles, resultaría que, según la “regresión” freudiana, el psicópata no diferiría en nada del hombre sano. Señalemos que el neurótico lo es sólo porque ha cometido errores excesivamente grandes, solo porque les ha dado a esos errores un papel demasiado importante que lo ha llevado a asumir frente a la vida y las cosas una postura falsa y perniciosa: la “regresión, como tal, constituye un hecho normal que se encuentra en la base de todo pensamiento y de toda actividad.
(…) ¿Cómo se producen los fenómenos neuróticos? ¿Por qué quiere el paciente ser hombre y constantemente procura dar pruebas de superioridad? ¿A qué obedece su desmesurada necesidad de exaltar su sentimiento de personalidad? ¿por qué emplea tales y cuales recursos y hace tantos esfuerzos para obtener seguridad?
(…) lo que constituye el punto de partida de todo proceso neurótico encuéntrase en el amenazante sentimiento de inseguridad e inferioridad, que engendra un deseo irresistible de darse un objetivo capaz de hacer llevadera la vida y de brindarle una dirección, fuente de seguridad y calma. Lo que para nosotros constituye la esencia de la neurosis es la utilización incesante y exagerada de los recursos psíquicos de que dispone el individuo; y entre los principales se halla el empleo de construcciones auxiliares, de ficciones para el pensamiento, la voluntad y la acción.
(…) El neurótico se halla tan obsedido por el sentimiento de tener un punto flaco que, sin advertirlo él mismo siquiera, utiliza todas sus fuerzas para construir la superestructura ideal e imaginaria de la que espera ayuda y protección. Y en el proceso de este trabajo su sensibilidad se va aguzando y afinando, aprende a ver cosas allí donde nadie ve nada, a oír lo que escapa al oído de los otros; se hace exageradamente precavido y adquiere el hábito de prever todas las consecuencias de un acto ya antes de emprenderlo, o de un infortunio antes de sufrirlo; se vuelve mezquino, ávido, avaricioso, procurando ensanchar en el tiempo y en el espacio los límites de su influencia y de su poder. Como resultado último de este trabajo, pierde la objetividad, la serenidad y la calma de espíritu, que sólo la salud psíquica y la actividad normal pueden procurar. Cada vez se hace más desconfiado de sí mismo y de los demás, y la envidia, la malignidad y las tendencias agresivas y crueles, con las cuales cree asegurarse la superioridad sobre el ambiente, van tomando un incremento cada vez mayor. O bien procura atraerse y conquistar a los demás afectando una obediencia exagerada, una sumisión y humildad extremas, que suelen degenerar en verdadero masoquismo. Pero estos dos tipos de actitudes, la acometedora y la acometida, la agresiva y la submisiva, la terca y la obediente, así como la exaltada actividad o la pasividad afectada, constituyen simples variantes artificiosas que le son impuestas al neurótico por su finalidad ficticia: por su afán de poder, por su deseo de “estar arriba” de los demás, de afirmar su virilidad.
(…) Sería erróneo buscar en el neurótico rasgos de carácter exclusivos de él, ausentes en el hombre normal. El neurótico no exhibe ni un solo rasgo de carácter totalmente original; ni uno solo que no exista también en el hombre normal. (…) El neurótico está siempre “sensibilizado”, siempre en guardia, como un centinela de avanzada, vigilando su situación presente y futura, alerta a su ambiente y alerta a lo porvenir. Es necesario tener un exacto conocimiento de sus dispositivos psíquicos, de sus sensibles “antenas”, si se quiere comprender el significado de la lucha en que el neurótico se ve envuelto, lucha por la realización de su objetivo con todas sus desorbitadas tendencias agresivas. Todo ello con gran intranquilidad e impaciencia, pues esas sensibles antenas tantean todos los hechos que se producen en un ambiente y los examinan y sopesan sin cesar a fin de anoticiar al individuo, en cada caso, de sus ventajas e inconvenientes para el objetivo personal que persigue. Esas antenas siempre atentas para evaluar y comparar los acontecimientos, provocan, según el caso, toda clase de sentimientos: miedo, esperanza, duda, asco, odio, amor y toda suerte de ilusiones. Con ellos la psique quiere asegurarse contra toda sorpresa y contra toda disminución del sentimiento de personalidad. Cumplen su misión constituyendo, por así decirlo, el reservorio de todas las experiencias externas e internas; conservando las huellas y señales de todos los acontecimientos asustadores y consoladores del pasado.
(…) Estos modos de orientación secundaria, que constituyen los rasgos de carácter, encuéntranse ya, inclusive los neuróticos, con toda su exageración, en las disposiciones de la psique infantil, engendrando disgusto, extrañeza y toda clase de excentricidades. Pero estos rasgos se destacan con la mayor nitidez aún, cuando tras haber sufrido el individuo una fuerte humillación o un fuerte contraste en su afán de virilidad, la tendencia aseguradora se activa y crea síntomas destinados a funcionar como renovados y reforzados artificios particularmente eficaces.
(…) A estos rasgos de carácter debe el neurótico el aguzamiento de su afectividad y la ampliación de su umbral de excitación por debajo del normal.
Es indudable que el hombre neurótico, como el normal, se forma sobre la base de materiales impulsivos y experienciales preexistentes, suministrados por el funcionamiento de los órganos. Pero todas estas disposiciones psíquicas no revisten carácter neurótico mientras el individuo no se ve obligado a tomar una decisión: bajo la influencia de una necesidad interna, la tendencia a la seguridad se exacerba, y los respectivos rasgos de carácter se movilizan y aumentan su eficacia.
(…) El carácter neurótico es, en efecto, incapaz de adaptarse a la realidad, pues trabaja en vista a un ideal irrealizable. Es, a la vez, producto e instrumento al servicio de un alma viciada de desconfianza y de prevención, que sólo busca reforzar las líneas directrices a fin de desembarazarse del sentimiento de inferioridad que la obsede y atormenta.
Tales tentativas están de antemano condenadas a fracasar, pues a causa de su flagrante contradicción con la verdad, llevan inevitablemente al individuo a chocar contra las barreras de nuestra cultura y de los derechos de los demás.
(…) De esta manera el carácter neurótico se nos revela al servicio de una finalidad ficticia. El carácter neurótico no surge como un producto, independiente, mecánico, de fuerzas naturales, biológicas o constitucionales. Obedece a una dirección y a una tendencia impuestas por una superestructura psíquica compensadora y por una línea de orientación. Surge hostigado por la inseguridad, y su tendencia a personificarse débese a la búsqueda de seguridad. Pero dado su objetivo final, en algún momento el carácter neurótico se ve obligado a dejarse conducir por la línea principal de la masculinidad: de ahí que la dirección de todo rasgo de carácter neurótico revela que está saturado de protesta viril, que busca eliminar de la vida todo movimiento y toda causa de humillación.
Alfred Adler -El carácter neurótico-
selección de Manuel J. Moreno