MEDITACIÓN -por Sogyal Rinpoché-
MEDITACIÓN
Sogyal Rinpoché
José J. de Olañeta, Editor
-extracto de recomendaciones sobre la práctica de la meditación-
Buda vio que la ignorancia de nuestra verdadera naturaleza es la raíz de todo el tormento del samsara y que la raíz de esa ignorancia es nuestra tendencia a la distracción mental. Poniendo fin a la distracción mental se pondría fin al propio samsara; Buda comprendió que la clave para conseguirlo era recoger la mente, llevarla a casa, a su verdadera esencia, mediante la práctica de la meditación.
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La postura que adoptamos cuando meditamos significa que unimos lo absoluto y lo relativo, el cielo y el suelo, el firmamento y la tierra... (...) Aprender a meditar es el mejor regalo que puedes hacerte en la vida.
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Hay muchas formas de explicar la meditación. (...) Se acepta cada vez más como una práctica que traspasa y salta las barreras culturales y religiosas y permite a quienes la practican establecer contacto directo con la verdad de su ser. Es una práctica que trasciende los dogmas religiosos, siendo al mismo tiempo la esencia de las religiones.
En general desperdiciamos la vida entregados a una actividad incesante, apartándonos de nuestra verdadera identidad; por otra parte, la meditación es el camino para volver a nosotros mismos, donde podemos experimentar y saborear realmente nuestro ser completo, al margen de Todos los esquemas habituales. (...) Meditar es romper completamente con nuestra forma <<normal>> de actuar, pues se trata de un estado libre de cuidados y preocupaciones, en que no se compite, no se desea poseer ni acumular nada, no hay lucha encarnizada y angustiosa ni afán de triunfo: un estado sin ambiciones donde no hay aceptación ni rechazo, ni esperanza ni miedo, un estado en el que empezamos a liberarnos poco a poco de todas esas emociones e ideas que nos han aprisionado en el espacio de la sencillez natural.
Los maestros de meditación budistas saben lo flexible y maleable que es la mente. Todo es posible si la adiestramos. (...) <<Entrenar>> la mente no significa en modo alguno domeñarla por la fuerza ni someterse a un lavado de cerebro.
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Lo mismo que un escritor sólo adquiere libertad de expresión espontánea con años de estudio, a menudo penoso, y el bailarín sólo adquiere la gracia sencilla mediante el esfuerzo inmenso y paciente, así abordarás tú la meditación cuando empieces a entender adónde te lleva, como la tarea principal de tu vida, una tarea que te exige disciplina, inteligencia, perseverancia y entusiasmo absolutos.
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En la quietud y el silencio de la meditación vislumbramos la naturaleza interior profunda que hace ya tanto que perdimos de vista en medio del ajetreo y la distracción mental y volvemos a ella. (...) Hay tantos sentimientos que luchan por el control de nuestra vida interior, tantas voces y dictados contradictorios, que nos dispersamos por todas partes y en todas direcciones y nadie se queda en casa. Así que meditar consiste en recoger la mente, en llevarla a casa.
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Meditar es recoger la mente, y esto se logra en primer lugar mediante la práctica de la plena conciencia.
Una anciana acudió una vez a Buda y le preguntó cómo tenía que meditar. Él le contestó que cuando sacara agua del pozo permaneciera atenta a todos los movimientos de sus manos, sabiendo que si lo hacía pronto se hallaría en ese estado de calma atenta y amplia que es la meditación.
A la práctica de la plena conciencia, de recoger la mente dispersa e integrar así los diferentes aspectos de nuestro ser se la denomina <<permanecer pacíficamente>> o <<mantenerse sereno>>.
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...la práctica de la plena conciencia desactiva la negatividad, la agresividad y las emociones turbulentas... (...) Lo importante aquí, más que reprimir las emociones o entregarse a ellas, es considerarlas, considerar los pensamientos y todo lo que surja con una aceptación y una generosidad lo más amplias y abiertas posible. (...) Esto proporciona libertad y un gran sosiego. Creo que esta práctica es la forma terapéutica y autocurativa más eficaz. (...) ...esta práctica muestra y revela tu <<buen corazón>> esencial, porque disuelve y elimina la crueldad y el mal. (...) Comprenderás ahora por qué llamo yo a la meditación la verdadera práctica de la paz, la verdadera práctica de la no-agresión y la no-violencia, y el auténtico y mayor desarme.
Cuando enseño meditación suelo empezar diciendo: <<Lleva la mente a casa. Y libérate. Y relájate.>> (...) Llevar la mente a casa significa situarse mentalmente en un estado de mantenerse sereno mediante la práctica de la plena conciencia. Llevar la mente a casa es, en su sentido más profundo, volverla hacia el interior y reposar en su naturaleza. Esto constituye por sí solo la meditación más plena. (...) ...relajarse significa ser espacioso y liberar la mente de tensiones. A un nivel más profundo, te relajas entregándote a la verdadera naturaleza de tu mente... (...) Es como echar un puñado de arena en una superficie plana; cada grano se asienta por su cuenta. Así es como te relajas en tu verdadera naturaleza, dejando que todos los pensamientos y emociones se calmen y se disuelvan naturalmente en el estado de la naturaleza de la mente.
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Sentado en calma, el cuerpo quieto, en silencio, con la mente en paz, deja que pensamientos y emociones, lo que aflore, vaya y venga sin apegarte a nada. (...) A veces no empleo ningún método concreto para meditar. Me limito a dejar la mente en reposo y descubro, sobre todo cuando estoy inspirado, que puedo llevar la mente a casa y relajarme en seguida. Me siento en silencio y descanso en la naturaleza de la mente; no dudo ni me pregunto si estoy en el estado mental <<correcto>> o no. No hay ningún esfuerzo, sólo comprensión y atención fecundas y certeza inconmovible. Cuando estoy en la naturaleza de la mente, la mente ordinaria ya no existe. Soy simplemente. Existe una confianza fundamental. No hay nada concreto que hacer.
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...el método no es la meditación, sino sólo un medio. La perfección de ese estado puro de presencia total que es la auténtica meditación sólo se alcanza practicando el método con destreza. (...) ...la meditación no es nada más que acostumbrarse a la práctica de la meditación. Se dice también: <<La meditación no consiste en esforzarse, sino en asimilarse naturalmente a ella.>> Surge poco a poco si sigues practicando el método. No es algo que puedas <<hacer>>, es algo que tiene que suceder espontáneamente con el perfeccionamiento de la práctica. (...) ...hay que crear unas condiciones tranquilas y propicias. Para dominar la mente, primero tenemos que calmar su entorno. La mente es al principio igual que la llama de una vela: inestable, fluctuante, en continuo cambio, agitada por los vientos violentos de nuestros pensamientos y emociones. La llama sólo arderá firme cuando podamos calmar el aire que la rodea...
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Los occidentales suelen concentrarse en lo que podríamos llamar <<tecnología de la meditación>>. Al fin y al cabo, el mundo moderno está fascinado por las máquinas y los mecanismos, y es partidario decidido de fórmulas puramente prácticas. Pero el elemento más importante de la meditación no es en absoluto la técnica, sino el espíritu: la forma propia, inspirada y creadora que tenemos de practicarla, que podría denominarse también <<postura>>.
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No es pedantería esotérica hablar de la postura; adoptando una postura correcta sólo se pretende crear un entorno más estimulante para meditar... (...) Existe una relación entre la postura física y la actitud mental. Mente y cuerpo están interrelacionados y la meditación surge de modo natural cuando la postura y la actitud son propicias.
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En las doctrinas de Dzogchen se dice que tu perspectiva y tu postura deben ser como una montaña. Tu perspectiva es la suma total del conocimiento y la profunda comprensión de la naturaleza de la mente que aportas a la meditación. De manera que tu perspectiva se traduce en tu postura y la inspira y expresa el núcleo de tu ser en la forma en que estás sentado.
Así que siéntate como si fueses una montaña, con la majestad firme e inamovible de una montaña. Una montaña es completamente natural y está cómoda consigo misma, por muy fuertes que sean los vientos que intentan derribarla y por muy densos que sean los nubarrones que se arremolinan alrededor de su cima. Siéntate como una montaña y deja que la mente se eleve, vuele y se remonte.
Lo más importante de esta postura es mantener la espalda recta, como <<una flecha>> o <<una pila de monedas de oro>>. La <<energía interior>> o prana fluirá así fácilmente a través de los sutiles canales del cuerpo y la mente encontrará su verdadero estado de reposo. No fuerces nada. La parte inferior de la columna tiene una curva natural, debe estar relajada pero erguida. Debes mantener la cabeza cómodamente equilibrada sobre el cuello. La fuerza y la gracia de la postura reside en los hombros y en la parte superior del torso, y has de mantenerlos con aplomo pero sin la menor tensión.
Siéntate con las piernas cruzadas. No es necesario que adoptes una posición del loto completa, en la que se insiste más en la práctica de yoga avanzada. Las piernas cruzadas expresan la unidad de la vida y la muerte, el bien y el mal, la sabiduría y los medios adecuados, los principios masculino y femenino, en samsara y el nirvana; el talante de la no dualidad. Si lo prefieres puedes sentarte en una silla con las piernas relajadas, pero cerciórate siempre de que mantienes la espalda recta.
En mi tradición de meditación hay que mantener los ojos abiertos: es muy importante. (...) ...mira hacia abajo y hacia adelante, a lo largo de la linea de la nariz, en un ángulo de unos 45 grados. Un consejo práctico es que, en general, cuando la mente está agitada lo mejor es bajar la vista, y cuando está embotada y soñolienta lo mejor es alzarla.
Cuando sientas la mente en calma y empiece a surgir la claridad de percepción, te sentirás libre para alzar la vista, abrir los ojos más y mirar al espacio situado directamente frente a ti. Esa es la mirada que se recomienda en la práctica de Dzogchen.
En las enseñanzas de Dzogchen se dice que la meditación y la mirada deberían ser como la vasta extensión de un gran océano; omnipresentes, abiertas y sin límites. Lo mismo que la perspectiva y la postura sin inseparables, así también la meditación inspira tu mirada y se funden en una.
No te concentres en nada en concreto; vuélvete ligeramente al interior y deja que la mirada se expanda y sea cada vez más amplia y penetrante. Descubrirás que tu visión abarca cada vez más y que hay más paz, más compasión en tu mirada, más ecuanimidad y más serenidad.
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Hay varias razones para mantener los ojos abiertos. Con los ojos abiertos es menos probable que te duermas. Además, la meditación no es un medio de huir del mundo o de escapar de él en una experiencia de trance de un estado alterado de conciencia. Es, por el contrario, un medio directo de ayudarnos verdaderamente a entendernos a nosotros mismos y a relacionarnos con la vida y el mundo. (...) En vez de excluir la vida te mantienes abierto a todo y en paz con todo. Dejas todos los sentidos (oído, vista, tacto) abiertos simplemente, de forma natural, tal como están, sin anhelar las percepciones.
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El primer método es muy antiguo y se encuentra en todas las escuelas del budismo. Consiste en depositar la atención ligera y atentamente en la respiración.
La respiración es vida, la expresión más básica y fundamental de nuestra existencia. En el judaísmo, ruah, el aliento, significa el espíritu de Dios que inspira la creación; en el cristianismo existe también una vinculación profunda entre la respiración y el Espíritu Santo, sin el cual no existiría nada. En la doctrina de Buda se dice que la respiración (o prana en sánscrito) es <<el vehículo de la mente>>, porque prana es lo que hace que la mente se mueva. Así que cuando serenas la mente utilizando de la forma adecuada la respiración, estás domándola y adiestrándola automática y simultáneamente. (...) ...cuando medites respira de forma natural, como lo haces siempre. Concéntrate ligeramente en la espiración. Al espirar, dejas que libere todo aferramiento y te desprendes de él. Imagina tu aliento disolviéndose en la extensión de la verdad que lo llena todo. Descubrirás que cada vez que espiras y antes de inspirar, habrá un intervalo natural al disolverse la posesividad.
Reposa en ese intervalo, es ese espacio abierto. Y al inspirar de forma natural no te centres concretamente en la inspiración, sigue depositando el pensamiento en ese hueco que se ha abierto.
Sobre todo, mientras practicas no te preocupes por comentarios mentales, análisis ni charla interior. No confundas el comentario mental continuo (<<ahora inspiro, ahora espiro>>) con la plena conciencia; lo importante es la presencia pura.
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Más que <<observar>> la respiración, identifícate gradualmente con ella, como si fueras convirtiéndote en ella. Poco a poco la respiración, el que respira y el respirar se hacen uno; desaparecen la dualidad y la división.
Descubrirás que este proceso tan simple de plena conciencia filtra tus pensamientos y tus emociones. Luego, algo se desprende y se libera, como su estuvieras quitándote una piel vieja.
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¿Qué debemos hacer, pues, con la mente en la meditación? Nada en absoluto. Sólo dejarla tal como está sin más. Un maestro describió la meditación como <<la mente suspendida en el espacio, en ningún sitio>>. (...) ...procura no imponer nada a la mente ni agobiarla. No debe haber en la meditación esfuerzos para controlar ni para conseguir sentirte en paz. Evita la solemnidad exagerada y no pienses que estás participando en un ritual especial; despréndete hasta de la idea de que estás meditando. Deja el cuerpo tal y como está y la respiración como la encuentres.
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En la meditación, como en todas las artes, ha de haber un equilibrio delicado entre relajamiento y atención. Una vez un monje llamado Shrona estaba estudiando meditación con uno de los discípulos más próximos a Buda. Le resultaba difícil alcanzar la disposición mental adecuada. Y se esforzaba tanto por concentrarse que empezó a dolerle la cabeza. Entonces relajó la mente, pero la relajó tanto que se quedó dormido. Finalmente fue a pedir ayuda a Buda. Buda sabía que Shrona había sido un músico famoso antes de hacerse monje y le preguntó:
<<Tú no eras intérprete de vina antes de hacerte monje?>>
Shrona asintió.
<<¿Cómo obtenías el mejor sonido de tu vina? ¿Cuando las cuerdas estaban muy tensas o cuando estaban muy flojas?>>
<<En ninguno de los dos casos. Cuando tenían la tensión justa, ni demasiada ni demasiado poca.>>
<<Bien, pues con la mente ocurre exactamente lo mismo.>>
Ma Chik Lap Drön, una de las muchas maestras del Tíbet y una de las más grandes, dijo: <<Alerta, alerta; pero relájate, relájate. Este es el elemento decisivo para la perspectiva de la meditación.>>
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En las antiguas normas de meditación se dice que los pensamientos llegarán al principio unos tras otros incesantes como una cascada de montaña. Poco a poco, a medida que progresas en la meditación, los pensamientos se parecen más al arroyo de un desfiladero estrecho y profundo; luego son como un río que corre hacia el mar en lentos meandros; y, por último, la mente se convierte en un mar tranquilo y sereno, agitado sólo por el esporádico rizo de una ola.
Algunas personas creen que cuando meditan no deberían tener ningún pensamiento ni ninguna emoción; y cuando surgen pensamientos o emociones, se enojan y se enfadan y creen que han fracasado. Nada más alejado de la verdad. Hay un adagio tibetano que dice: <<Pedir carne sin huesos y té sin hojas es mucho pedir.>> Mientras tengamos mente, habrá pensamientos y emociones.
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Pronto descubrirás que los pensamientos son como el viento; vienen y van. El secreto es no <<pensar>> en los pensamientos, sino dejarlos fluir, manteniendo la mente libre de consideraciones adicionales.
En la mente ordinaria percibimos el flujo de los pensamientos como algo continuo, pero no lo es en realidad. Pronto te darás cuenta de que hay un intervalo entre un pensamiento y otro. Cuando ha pasado el último y el siguiente no ha llegado, comprobarás que siempre hay un espacio en el que se revela la naturaleza mental, Rigpa. Así que la tarea de la meditación es permitir que ese intervalo entre un pensamiento y el siguiente sea cada vez más manifiesto.
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Apa Pant me contó la siguiente historia: Un día nuestro maestro Jamyang Khyentse estaba viendo la <<Danza del lama>> delante del templo del palacio de Gangtok, la capital de Sikkim, y se reía de las bufonadas del atsara, el payaso que proporciona entretenimiento entre una danza y otra. Apa Pant seguía importunándole, preguntándole una y otra vez cómo había que meditar; así que cuando mi maestro le contestó aquel día lo hizo haciéndole entender que le contestaba de una vez por todas:
<<Verás, es así: ¿Verdad que hay un intervalo desde que se desvanece un pensamiento hasta que llega el siguiente?>>
<<Sí>>, dijo Apa Pant.
<<Pues prolóngalo: Eso es meditación.>>
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Cualquiera que sea el método que utilices, prescinde de él o déjalo simplemente disolverse solo cuando veas que llegas de forma natural a un estado de paz vibrante, expansiva y despierta. Continúa luego manteniéndote en esa paz serenamente, sin distraerte y sin considerar necesario el uso de un método concreto. El método ya ha cumplido su cometido. Sin embargo, si te extravías o te distraes, recurre de nuevo a la técnica que sea más apropiada para superarlo.
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La gente suele preguntar: <<¿Durante cuánto tiempo he de meditar? ¿Y cuándo?... (...) Sí, es bueno meditar durante veinte minutos, aunque eso no quiere decir que veinte minutos sea el límite. (...) Dudjom Rinpoché solía decir que un principiante debería practicar en sesiones breves.
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Poco a poco, gracias a esa interacción de descansos y práctica, se desplomará la barrera que separa meditación y vida cotidiana, desaparecerá la diferencia entre ellas y te hallarás cada vez más en tu presencia pura natural, sin distracción. Entonces, como solía decir Dudjom Rinpoché: <<Aunque el meditador deje la meditación, la meditación no dejará al meditador.>>
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...todo el fundamento y la clave y el objetivo de la meditación es integrar ésta en la acción. La violencia y la tensión, los retos y distracciones de la vida moderna hacen aún más urgente y necesaria esa integración. (...) Siempre digo a mis alumnos que no salgan de la meditación demasiado deprisa: deja un periodo de unos minutos para que la paz de la práctica de la meditación se infiltre en tu vida. Como decía mi maestro Dudjom Rinpoché: <<No te levantes de un salto y escapes corriendo, mezcla tu atención consciente con la vida ordinaria. Sé como el que tiene el cráneo fracturado, siempre atento por si alguien se lo toca.>>
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Cuando regreses a la vida ordinaria, deja que la sabiduría, la penetración, la compasión, el humor, la fluidez, la amplitud y el desapego que la meditación aporta impregnen tu realidad cotidiana. La meditación despierta en ti el conocimiento de que la naturaleza de todas las cosas es ilusoria e irreal como los sueños; conserva esa conciencia incluso en pleno samsara. Como dijo un gran maestro: <<Después de la práctica de la meditación debería convertirse uno en hijo de la ilusión.>>
Dudjom Rinpoché aconsejaba: <<En cierto sentido todo es irreal e ilusorio; pero de todos modos, sigue haciendo las cosas con humor. Por ejemplo, si caminas, camina alegremente, sin solemnidad ni timidez innecesarias...
(...)
He dicho que la meditación es el camino que lleva a la iluminación y la tarea más importante de esta vida. Siempre que hablo de la meditación a mis alumnos destaco invariablemente que es necesario practicarla con disciplina firme y clara dedicación; también les explico siempre que es muy importante hacerlo de la forma más más inspirada y creativa posible. La meditación es un arte, en cierto modo, y habría que aportar a ella el gozo y la fecundidad de invención del artista.